Era casi mediodia y desde la decisión de su Señor de apoyar la causa Blagen, todo se habia precipatado sus ochentas lancers cortos estaban preparados para recibir al contingente Blagen venido del Este. Unos dos mil hombres, aunque Puerta Bronce no era muy grande habia conseguido que sus hombres montaran tiendas para estos. La verdad que no le hacia mucha gracia, siempre habian obedecido a su Señor, pero ahora se debian al nuevo proclamado Rey. La verdad lo prefiria estaban cerca de la comarca de Ciudad de Piedra y habrian arrasado el Valle Rojo.
- Cristof, ¿ ha regresado Mails ? - preguntó a su sargento.
- No mi Capitán, no tenemos noticia de él. - le contesto Cristof Lade, hermano del Conde de Puerta Bronce. Al contrario que su hermano, Cristof tenia el pelo largo, sucio y rizado, de un color cobrizo feo, la cara llena de manchas rojas y era muy fuerte. Todos los hombres le temian cuando tenian que enfrentarse a él cuerpo a cuerpo. Los ojos eran verdes, de un verde oscuro que no casi no se le veia la pupila. Levan Cade sabía que era el hombre más fiel que tenía por eso le nombró su sargento.
- Cristof, voy a la ciudad a por más hombres, cuando regrese Mails mandale allí, le estare esperando.
- Está bien Capitán, ¿ por qué va a por más hombres ? ¿ no se fia de los soldados Blagen ? - le preguntó Cristof.
- Asi es, siempre han tenido fama de buscar problemas y de ser violentos, mientras estén en el Valle acatarán nuestras normas somos pocos para dos mil hombres - le explicó a Cristof.
Por un momento Levan vió en los ojos de Cristof, aunque ese miedo pronto le desapareció - Si buscan problemas Capitán, se encontrarán con mi mazo - le dijó Cristof a la vez que soltaba una carcajada.
Levan montó en su palafren y pusó rumbó a la ciudad por el Camino del Tintineo, Puerta de Bronce estaba a una hora y media de la ciudad. Se llevó tan solo a tres hombres con él como escolta, dos novatos y su sobrino Petr Cade. Su sobrino seria un buen soldado, pero jamás llegaria a tener un rango dentro del ejército. Debido a su carácter, un chico contestón, bebedor adicto al juego y más todavia a no pagar sus deudas. Más de una vez le tenia que haber dado dinero para que pudiese pagar, tras la muerte de su padre el chico se habia perdido y su cuñada le suplicó que se metiera en el ejército para enderezarlo. Eso si con la lanza y la espada parecia un veterano, incluso a Cristof le costaba vencerle e incluso a veces Petr le habia derrotado.
- Tio ¿ cree que nuestro queridisimo Señor ha hecho bien en arrodillarse a Blagen ? - le preguntó de malas maneras su sobrino.
- Cuida tu lenguaje Petr, y si ha hecho bien el Valle es el punto más cercano de Ciudad de Piedra, seriamos los primeros en recibir una ofensiva del Rey si nos hubieramos opuesto a su coronación.
- Hay comarcas que han preferido luchar y tienen menos hombres que nosotros - siguió replicando Petr.
- Petr callate de una vez - le ordenó Levan.
El viaje prosiguió en silencio, al llegar a la ciudad del Valle Rojo, todo parecia una pesadilla, la gente se amontonaba en las tiendas para comprar viveres, la guardia de la ciudad apenas podia contener a la multitud, - " No se cuantos hombres me podrán prestar " - pensó el Capitán.
Se dirigió hacia el cuartel del Comandante Scot Sade. Ordenó a sus hombres que ayudaran a la guardia de la ciudad ha mantener el orden mientras él estaba dentro y que estuvieran cerca del cuartel. Cuando entró a los aposentos, se encontró con el Comandante mirando unos mapas, con el gesto serio.
- Se presenta el Capitán Levan Cade, Capitán de la Puerta de Bronce.
- Hola Levan, sientante, ¿ quiere tomar algo ? - le preguntó el Comandante.
- Un poco de té, si le place.
El comandante mandó llamar a uno de los sirvientes y le hizó prepara té.
- Bien Levan ¿ cuantos hombres me pides ? - se adelantó a preguntar el Comandante.
- ¿ Como sabe que he venido a por eso ? - preguntó sorprendido Levan.
- ¿ Por qué sino te presentarias en la ciudad ? - le contestó Scot.
- Pues unos trescientos hombres vendrian bien mi Comandante.
- No te puedo dar tantos Levan, la puta ciudad está a punto de estallar, apenas podemos contener a los ciudadanos.
- ¿ Cuantos pues ? - preguntó el Capitán de Puerta de Bronce.
- Un tercio, la mitad recien licenciados, no puedo darte más.
Levan se quedó desilusionado, con tan pocos hombres y la mitad sin tener experiencia, " ¿ Cómo voy a imponer respeto ante los hombres del Rey ? " - se preguntó el mismo. - De acuerdo Comandante ¿ cuando estarán listos ? - preguntó.
- En una hora, podras partir con ello - respondió el Comandante. De repente sonó la Trompeta Roja, la utilizaban para poner en alerta a los soldados de que algo habia ocurrido o se avecinada. Los dos hombres, salieron a toda prisa hacia el exterior, se encontrarón con un soldado al que Levan preguntó - ¿ Qué ocurre ?
- Quinientos soldados Blagen han entrado en la ciudad.
Fueron a la plaza de la ciudad, lo que vió Levan le impresionó, cuando vió a esos quinientos hombres con sus armaduras negras, perfectamente alineados en columnas de cinco, delante de ellos un hombre grande con un casco en forma de fénix y una espada grande negra con el mango de plata, avanzaban por la ciudad, todo el mundo se quedó parado, nadie decia nada, por un momento Levan quisó formar parte de tan majestuoso desfile.
El hombre grande alzó la mano y todos pararón a la vez, con una sincronización perfecta. Se bajó del caballo y se quitó el casco, el hombre era fuerte con el pelo largo y rojo, con una mirada segura de si mismo. Se acercó hacia ellos, la tensión era grande, los soldados Blagen tenian mala fama, todos los soldados del Valle Rojo estaban preparados por si se mostraban hostiles.
- ¿ Quién es el Comandante Sade ? - preguntó en voz alta.
- Yo soy - respondió el Comandante con voz ronca pero insegura.
- Soy Onix Slagen, Capitán del Ejército de Pasofirme, le traigo quinientos hombres para ponerlos a su servicio para mantener el orden de su ciudad, yo vengo para mostrar mis respetos al Señor del Valle Rojo, por su ayuda y su hospitalidad.
Lance Cade maldijó a las antiguas leyendas donde se hablaran mal de los Blagen y sus soldados, esos hombres no eran como se decia y gritó en voz alta - ¡ VIVA EL REY JERRY BLAGEN ! - mientras el Capitán Slagen y el Comandante Sade se estrechaban la mano. Todo el Valle Rojo aclamó al nuevo Rey.
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