Llevaban todo el dia poniendo murallas de troncos de palmera acabadas en punta, haciendo fosos y rellenandolos de arena falsa, tenian que proteger la ciudad. Su Señor habia decidido no apoyar a los Blagen y eso trairia consecuencias. A parte de los trescientos laceros habian ciudadanos realizando las tareas de defensa.
El Capitán de los Lanceros, Lamat Oakland, era el encargado de estos trabajos, mientras estaban talando palmeras un jinete regresó de patrullar a toda velocidad.
- Capitán, una veintena de canibales se acercan.
- ¿ Por donde ? - preguntó Lamat.
- Por el Foso del Coco.
- Está bien, iremos a por ellos, Soat organiza una batida de treinta hombres, vamos hacia el Foso del Coco, iremos a pie para que no oigan a los caballos - ordenó Lamat. Escogió a Soat, porque era experto en emboscadas, era moreno con el pelo rizado y una larga trenza que le llegaba por debajo de la espalda, ojos castaños oscuros, nariz ganchuda, los canibales solo al verlo salian aterrorizados, habria matado ya unos trescientos canibales salvajes.
Lamat, cogió su lanza y su escudo, se reunió con sus hombres y partieron por la pequeña selva, esa pequeña selva era el lugar donde se escondian los canibales, gente salvaje, que en vez de preferir unirse a formar parte de Tierra Noble, siguieron con su costumbre de comer carne humana.
No hacia ni media hora, cuando oyeron unas pisadas, se agazaparon y esperaron, cada vez se oian más cerca los crujidos de los matorrales y las hojas. Lamat y sus hombres contenian cada vez más la respiración. Agazapados entre los arbustos y algunos en un pequeño estanque, esperaban la orden de su capitán.
- Atacad - gritó Lamat Oakland.
Salieron de sus escondites, clavaron sus lanzas contra los hombres, cayeron uno a uno esos canibales, algunos todavian gritaban de dolor, agonizantes, casi no quedaba nadie con vida. Para su sorpresa no era una veintena ni mucho menos.
- " Son siete " - se dijó Lamat - Soldado, ¿ no eran una veintena ?
El soldado con cara de incredulidad respondió a su capitán - No son estos hombres, Capitán.
- ¿ Estás seguro ?
- Seguro, estos hombres están armados solo con lanzas de madera, los que yo obserbe tenian acero.
Lamat se acercó a un hombre herido, tal vez el único que no estaba muerto - Salvaje, ¿ no ibais más en vuestro grupo ?
- No... solo estabamos explorando.
- ¿ Por qué ? - pregunto el capitán.
- Están desapareciendo gente de nuestras aldeas, desde hace unos pocos dias, es cosa de brujeria.
- Se habrán ido vuestros vecinos, no me extraña con lo salvajes que sois ¿ a donde ibais ?
- Buscabamos rastros de nuestros vecinos - contestó el hombre.
Lamat dió por finalizado el interrogatorio, ordenó amordazar y maniatar al prisionero. De vuelta a Playa Bella, tras lo que el prisionero les habia dicho, pensó en ver a su hermano el Comandante Tamal Oakland. Su hermano y él eran uno, pensaban lo mismo, se comunicaban solo con una mirada. Tras la muerte de sus padres a manos de los canibales, decidieron ser soldados del ejército y exterminar a esos salvajes.
Después de reunirse con su hermano, iria a ver a su prometida, Layla, era la mujer de sus sueños, morena con el pelo rizados, ojos castaños preciosos, y una boca dulce con unos labios frondosos. Frágil, como un colibri pero con un carácter fuerte, eso era lo que más le gustaba de ella. Ya no iba a esperar más se casaria con ella cuando el Gran Sacerdote tuviera tiempo, sin invitados solo su hermano como testigo de la unión. No queria en el caso de que hubiera guerra partir sin haberse casado.
Mientras avanzaba, ensimismado en sus planes de boda, no notó que algo iba mal, cuando se quisó dar cuenta ya era demasiado tarde. Una veintena de hombres, no eran de la zona sus pieles no eran morenas, habian cojido color por el sol pero no eran nativos de Playa Bella. Una veintena de hombres salieron por la retaguardia con las espadas en alto.En un gesto instintivo sus hombres formaron en posición de defensa con las lanzas en pico esperando la embestida del enemigo.
- ¡ Aguantad ! - exclamó Lamat.
Uno de los atacantes grito - ¡ Poder y muerte ! - debia el cabecilla del pequeño grupo.
El choque fue brutal, pese a tener lanzas, el enemigo los zigzagueo y muchos de sus hombres cayeron. Tuvieron que desenvainar las espadas, luchando cuerpo a cuerpo. Solo por estar en superioridad númerica pudieron sobrevivir, sus enemigos eran habiles y audaces.
- ¡ Retirada ! - ordenó el cabecilla del grupo.
Se retiraron sus enemigos, todo habia acabado, pese a ser el combate corto, esos minutos se le hicieron eternos. Contaron los cadaveres de sus soldados, un total de veintidos bajas por solo doce del enemigo. Empezó a sudar y tener nauseas, cuando uno de sus hombres le dijó - Capitán, está sagrando.
Lamat se echó las manos al vientre, estaba sangrando, tenia una herida de dos manos de larga y bastante profunda, cayó de bruces, sus ojos se estaban cerrando mientras sus hombres fueron a por él a toda prisa, se fijó que el prisionero se le quedó mirando con tristeza, cada vez oia torpemente hasta que se desvaneció....
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