Era un dia especial para Bobb Crelian hacia quince años que se habia casado con Jene Trelian, tenia que reconocer que nunca se imaginó casarse con ella. Cuando Jene tenia nueve años, se enamoro de él, pero en ese entonces él tenia trece años, casi un hombre. Pero con el tiempo ella creció y de que manera a los trece años fue él mismo quien se presento ante su padre, el mismisimo Señor de Colinarota, para pedirle su mano y que esperaria hasta los dieciséis de ella. La respuesta fue un si, su suegro no podia negarle a su hija tal compromiso.
De eso habia pasado mucho tiempo, siempre tuvó suerte desde que se casó, le ascendieron a capitán del batallón de las Muflones Morados. Y tres años, le brindaron la oferta de ser el Comandante del Ejército de Colina Roto. Desde entonces habia creado una especie de trincheras de piedra en las escarbadas colinas de su Comarca, era imposible traspasar esas defensas.
En un dia tan especial, él mismo le dice a la cocinera a Yanni que le queria hacer el plato favorito de su esposa, cerdo con esparragos y trufas dulces. Llevaba casi toda la tarde preparandolo. Él mismo corto el cerdo, pelo los esparragos y endulzo las trufas. Lo tenia en el gran horno de piedra que tenian en la cocina. La mejor cocina de Colinarota, tenia un horno especial para hacer pan, ollas grandes para los guisos y moldes especiales para postres. Solo faltaban unos minutos para que su plato estuviera terminado tenia preparado un vino traido desde el Llano de la Alegria.
De repente entro el castellano de su castillo a la cocina, Moregan, un hombre de unos cuarenta años, amigo de la familia, con el rostro marcado por la viruela, pelo morado bien peinado y perfumado, con unos ojos verdes y saltones como una rana.
- Mi Señor, Ser Jak ha venido a verle.
- Hazle pasar, Moregan - le ordenó Bobb, " Espero que no se quede a comer porque he hecho el cerdo para tres personas ". Queria darle a Yenni una ración por haberle dejado su cocina ya que ni a su mujer le dejaba cocinar en ella.
- Hola Bobb - saludó su cuñado.
- Hola cuñado, ¿ a qué se debe tu visita ? , ¿ vienes a felicitarnos por nuestro aniversario de bodas ?
- Vaya Bobb lo habia olvidado, felicidades, pero he venido por otro asunto. Mi padre quiere que vayas a su Castillo.
- ¿ Ahora mismo ?
- Me ha dicho que no vuelva al castillo sino es con tu presencia.
- Pero hoy es que voy a cenar con tu hermana...ya sabes por el aniversario.
- Ya sabes como es mi padre, será cualquier tonteria para la hora de la cena estarás de sobra aqui.
- Bien voy a cambiarme Jak.
- Está bien esperare fuera... por cierto el cerdo huele de maravilla.... mmm haber si cuando venga a visitaros lo haces más a menudo.
Ambos soltaron una carcajada y salieron de la cocina. Eran como hermanos, Jak y Bobb, juntos habian sofocado la rebelión de los salvajes de las colinas hacia unos meses. Bobb se sorprendió al ver el manejo de Jak utilizando dos espadas sin uso de escudo. Avisó a Yanni para que vigilase el cerdo no se fuera a quemar. Le dijó que en una hora estaria de vuelta y que avisara a la Señora de que se fuese preparando.
Se fue a su habitación de armas donde guardaba su armadura y su espada, la famosa " Grito Roto ". Habia acabado con la vida de muchos hombres, demasiados para lo que él hubiera preferido. Se puso su capa morada con rejillas negras, su armadura ligera y sus prendas decorativas. Era una armadura preciosa y no era muy pesada por lo que su caballo soportaba su peso.
Cuando salió por la puerta de la vivienda ya tenia su caballo preparado por su joven escudero Billi, era un joven de trece años, fuerte con el pelo corto y siempre bien peinado, los ojos eran marrones, unos ojos que no llamaban la atención.
- Billi ¿ qué haces que no estás estudiando ?
- Yo mi Señor.... queria tenerle su caballo listo.
- Deja al chico Bobb, habria que verte a su edad lo mucho que estudiabas - le regañó su cuñado.
Ambos se rieron y el chico se sonrojo - Pido permiso para retirarme, mi Señor -le dijó el chico.
- Por supuesto Billi, has hecho un buen trabajo.
- Gracias mi Señor, hasta la vuelta y adiós Ser Jak.
- Adiós chico - le contestó Jak y le lanzó una daga de regalo al chico - Toma chico, por lo que veo te la mereces.
- Gracias, mi Señor - contestó Billi con una cara de felicidad inmediatamente salió corriendo a enseñarsela a los demás chicos del Castillo Crelian.
El camino se les hizó corto, charlando de las batallas de meses anteriores. Casi ni se habian dado cuenta de cuando llegaron al Castillo Trelian. Atarón a los caballos y se presentaron al Señor de Colinarota. Pese a ser su suegro se arrodilló ante Adol Trelian.
- Mi Señor, ¿ en que puedo servirle ?
- Bobb, mañana al amanecer reune a todos los soldados y a los Nobles.
- Mi Señor, ¿ otra vez los salvajes ?
- Ojala que fueran esos salvajes, Comandante. Esto es mucho peor.......
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