Era casi de noche, el sol empezaba a desaparecer entre el mar cálido al Sur de Tierra Noble. Un dia caluroso y agotador. Llevaba tiempo preparando la partida hacia la nueva coronación del nuevo Rey pero se habia retrasado unos meses, hasta después de los funerales. Su Señor, se estaba impacientado y a Carl eso no le gustaba. Ya desde niño su Señor habia mostrado un carácter temible, a veces incluso peligroso. Todavia recuerda Carl cuando le mando a hacerse Maestre por orden suya.
Eran buenos tiempos los de su joventud, de aventura en aventura con Ales Howland, un dia nadando por el Mar Cálido, otro recurriendo la costa a lomos de los pequeños corceles del Sur, preparados para poder correr por la arena. Cuando se fueron haciendo más mayores las cosas cambiaron, se veian menos, Ales tenia que aprender a ser un Señor. Aburrido se fue a recorrer los barrios bajos de Playa Bella, ahí es donde descubrió a los " jovencitos ", que ha cambio de unas monedas de cobre te enseñaban el placer del sexo. - " ¿ Qué estoy haciendo ? " - pensó Carl. - " Todavia es la hora de seguir en la camara hasta la hora de la cena, tengo que seguir concentrado " - se decia para si mismo.
De repente vió una paloma recorrer el cielo, no era una paloma comun, era mensajera, más grande que las salvajes. Dirección a su camara, mientras todavia volaba se preguntaba si seria de Monteoscuro o Fuerte del Rey. - " Ya era hora " - se dijó para si mismo. Se echo una jarra de cerveza de avena bien fresca le gustaba más que de cebada, su sabor era más fuerte y duraba más en la boca. Hizo espacio en la mesa para leer la carta que le llegaba. La paloma no tardó mas de diez minutos en llegar la cogió y le dio unas pocas migas y agua para que se recuperase. Antes le quitó la carta y para su sorpresa vió que el sello era gris y negro - " ¿ Como va a ser de Ciudad de Piedra ? ¿ Qué abrá pasado ? - se preguntó.
Cojió rapidamente el quitasellos gastado, - " Tengo que comprar uno nuevo " - abrió la carta y comenzó a leer. A medida que leia la carta, su cara cambio de curiosidad a incredulidad, de incredulidad a asombro y de asombro a terror. No podia creer lo que estaba leyendo, la dejó en la mesa y se lleno otra vez la jarra de cerveza está de vez de cebada, a ver si la avena le habia hecho demasiado efecto. Volvió a coger la carta con desesperación y la volvió a leer. Seguia despues de una segunda lectura sin volver a creerserlo, - no puede ser ¿ qué le ha pasado al joven Jerry Blagen por la cabeza ?
- GUARDIASSSSSS , GUARDIASSSSS - gritó.
Quien entro fue Maicol Bowland uno de los guardias del Castillo de su Señor.
- ¿ Si Maestre Carl ?
- Agale saber al Señor que le reclamó con urgencia.
- El Señor ha salido, Maestre - le espetó Bowland.
- ¿ A dónde ha salido ? - pregunto Carl.
- Ha salido a capturar una aldea de canibales, Maestre.
- Manda a dos jinetes, los más rápidos que haya - Carl se estaba poniendo nervioso.
- Pero Maestre, no yo no puedo dar esa orden.
- He dicho que lo hagas, toma una nota sellada. Cuando la vea sabra que he sido yo quien los ha enviado.
- Como ústed ordene, Maestre.
En la nota no escribió nada, asi Ales cuando vea que no hay nada en ella sabrá que es de suma importancia. Cuando volvió para ser el Maestre de Playa Bella acordó con el Señor que una nota en blanca signficaba urgencia inmediata. Se asomó por la venta y vió partir a dos jinetes con sus veloces corceles de playa espoleados como si hubieran visto al Gran Demonio. Se sirvió una jarra de agua fria no queria más cerveza, queria estar sobrio cuando Ales llegara. Se sentó a leer la carta por si por casualidad su contenido hubiera cambiado, pero no las mismas frases, las mismas palabras seguian alli, con la firma del sello de los Blagen. Negro y Gris. El negro por su crueldad con el enemigo y el gris por sus ojos todos en Ciudad de Piedra tenian los ojos grises.
Estuvó sentado durante horas, ya era noche cerrada cuando oyó a los jinetes llegar. Fue a su ventana y alli los vió una partida de unos sesenta jinetes con Ales a la cabeza. Cuando el Señor de Playa Bella se bajó de su caballo miro a la dirección de Carl y vió como asintió con la cabeza. Entonces se dió media vuelta y limpió todo de su mesa menos la carta. Preparo un sillón comodo para su Señor y se sentó a esperar. No sabe cuanto tiempo pasó de subir de los establos hasta su camara, pero ese tiempo se le hizó eterno.
Su señor como de costumbre entró en la camara sin llamar, tenia la cara enrojezida. - " Seguro que está cabreado por hacerlo llamar con premura " - . Como de costumbre cojió una silla vieja y se sentó. - " No se para que le preparo el sillón " - . Sin permiso se llenó una jarra de cerveza de avena caliente. - " Un dia se atragantara con la acidez de la avena " - . Una vez servido bebió y preguntó.
- ¿ Para qué demonios me has hecho llamar, Carl ?
- Ales estamos en problemas - le contesto. Cuando vió la cara de su Señor su enfado paso a nerviosismo incluso a temor. Solo le llamaba por su nombre cuando habian verdaderos problemas.
- Carl, ¿ ha pasado algo ?
Carl cogió la carta y se la ofreció - Leélo tu mismo -...........
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