Estaba finalizando el dia cuando Omat Saraff estaba preparandose para su vuelta a casa. Habia estado todo el dia haciendo guardia por el desierto, a lomos de un gran camello blanco, montar a camello era una tarea que odiaba, terminaba con su trasero echo polvo. Además no habia visto nada de interes, hasta la próxima tormenta pasarian cinco o seis meses y los bandidos llevaban tiempo sin aparecer.
Estaba quitandose el aparatoso turbante, hoy le habia incomodado al no correr ningún aire. Se lavo un poco no queria llegar sucio a casa. Tenia que reconocer que aunque su segunda esposa era más joven era más maniatica con la limpieza que su anterior difunta esposa. Su muerte aún le dolia sobre todo por no haber podido encontrar su cuerpo en las arenas del desierto. Estuvó más de dos meses con sus hombres buscandola pero nada.
- Jefe, ¿ le quedá mucho ? - le pregunto uno de sus hombres.
- No, Joshe puedes irte y los muchacho también, yo esperare a los guardias del turno de noche.
- Jefe, me quedo para acompañarle le dire a los hombres que se vayan si quieren.
- Gracias Joshe, muy amable.
- Le espero fuera, Jefe.
Jefe era como le llamaban sus hombres, trescientos hombres encargados de vigilar y localizar tormentas de arena. Unos cien tenian que estar durmiendo fuera de sus casas, explorando y vigilando el desierto. Otros cien hacian rondas a lo largo del dia y los otros cien restantes se quedaban en Refugio Dorado. Buenos hombres pero algunos de dudosa reputación, a esos los enviaba lejos de las zonas habitadas.
Se peino un poco, se puso su capa y se ató el cinto de su espada. Salió por la puerta, el sol todavia quemaba, hacia un calor insoportable. Llegó hasta donde estaban los caballos, contó los hombres que le habian esperado, Joshe, Damir y Palesi " El Calvo ". Los saludo mientras iban de camino a casa, conversaban.
- Jefe, ¿ por qué no se presentó para ser Comandante ? - le pregunto el joven Damir.
- No tenia posibilidades con Said Taraff.
- Ústed es bueno con la espada - le dijo Joshe.
- ¿ Habeis visto al Comandante luchar ? - les preguntó Omat.
- No - le contesto Palesi.
- Dicen que es el mejor espada de Tormenta de Arena. - dijo Damir.
- Pero yo le e visto a ústed luchar contra los bandidos, ni siquiera ha sufrido un rasguño. - aclaró Joshe.
- No es lo mismo luchar contra bandidos que atacan sin formación que contra un hombre bien entretenado. - les intentó explicar Omat.
- Pero ústed no merece estar en Refugio Dorado, se merece por lo menos la capitania de algun cuerpo del Ejército. - alegó Joshe.
- Tal vez, pero estoy agusto aqui. Vigilamos las fronteras, prevenimos de las tormentas de arena y mantenemos lejos a los bandidos. Es una responsabilidad muy grande Joshe. Nunca olvideis que somos más importantes que cualquier soldado o guerrero.
- Tiene razón el Jefe, Joshe - le replicó Palesi.
Siguieron con la charla, estaban entrando a las puertas de Tormenta de Arena cuando vió al Comandante con todos los capitanes del ejército. Le resultó raro iban todos uniformados con sus armaduras de guerra e iban dirección al Palacio de Arena. Cuando Said lo vió, se alejó del grupo para hablarle.
- Ser Omat, que bueno que le he visto, habia mandado un mensajero a vuestra casa.
- ¿ Ha pasado algo ? mi Señor.
Said miró a sus exploradores y les dijo con la mirada que se retiraran. Estos entendieron el mensaje y se despidieron de su gran jefe.
- Necesitare a tus trescientos hombres, Ser Omat.
- ¿ A todos ? - preguntó incredulo Omat.
- A todos incluso a ústed, Ser.
- ¿ Ha ocurrido algo ?
- No, pero está a punto de ocurrir....... - respondió el Comandante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario