viernes, 3 de febrero de 2012

CAPITULO 4. ROMA SADE.

Roma se estaba lavando en la bañera del cuarto de baño lujoso en su gran mansión. Su matrimonio con Boris Made habia sido un suplicio al principio para ella, ya que era mucho más mayor que ella. Pero con el tiempo le cogió cariño pero no amor. Tampoco el tiempo pudo borrar el amor hacia Clyde Bade, el soldado de su padre. Estuvieron juntos hasta que cumplió quince años y su padre le dijó que le habia buscado un marido. Esa tarde quiso haber muerto, cuando vió a un hombre ya formado. El dia de su boda pensó en huir con Clyde, pero este le dijo que tenia que hacer lo que su padre esperaba de ella. Mientras estaba terminando de bañarse, alguien llamó a la puerta.

- ¿ Quién es ? - le salió dubitativamente.

- Mi señora soy Clyda.

- " ¿ Qué querra Clyda ? " - Se extrañó mucho, Clyda sabia de sobra que no estaba aseandose para la cena, odiaba que la molestaran mientras estaba en su aseo. Pero algo tenia que haber pasado para que Clyda llegara de esa manera.

- Espera un momento Clyda.

- Como ordene mi Señora.

Salió de la bañera y cogió una toalla seca, le gustaba las toallas que su marido le compraba, eran suaves y perfumadas a rosas. Se recogió el pelo en un moño con unas orquillas que tenia preparadas para luego peinarse.

- Puedes pasar, Clyda.

Clyda entró, era pequeña, con el pelo castaño liso con un gran flequillo que impedia mostrar sus ojos. La jovén habia perdido un ojo siendo niña por su padre, que la maltrataba. Ella decidió quedarsela a su cargo, era una pena, ya tenía diecisiete años y no habia conseguido un buen marido para ella debido a lo de su ojo. Tenia una expresión de tristeza en su cara " ¿ Habrá sonreido alguna vez ? " - se pregunto. Avanzó hasta su Señora con pasos timidos y lentos.

- Mi Señora, el Señor me ha dicho que está noche iria a hablar con su padre, tenian que tratar un asunto muy importante.

Esas palabras hicieron que el corazón de Roma se extremeciese, - " Boris va a ir a hablar con mi padre, " ¿ se habrá enterado de mis encuentros con Clyde ? No puede ser, nos escondemos a ojos de todos, es imposible... mierda .... la puta de Dina seguro que me ha traicionado y a ido a mi padre a contarselo todo. Vera cuando la coja a esa zorra " fueron sus pensamientos.

- Clyda, no te ha dicho de que tenia que hablar con mi padre.

- No mi Señora, ya sabe que el Señor no nos cuenta al servicio tantos detalles.

No era la respuesta que Roma queria oir, un miedo le entro en cuerpo, a ella la obligarian a entrar como novicia por sus pecados pero al pobre Clyde le esperaba algo peor, el destierro, la humillación pública o ... incluso la muerte. Aunque se habia lavado, empezo a sudar, un sudor frio le bajaba por detrás de la cabeza y le hacia sentir escalofrios cuando llegaba a la nuca.

- Bien Clyda, voy a cambiarme y bajare a cenar.

- ¿ Quiere mi Señora que la ayude ?

- No Clyda, gracias por tu ofrecimiento.

- Estoy para servirla mi Señora.

Clyda se retiro del aseo, la sala del aseo aunque era grande y comoda, se le hizó pequeña e incomoda. No sabia donde meterse. Su cabeza le daba vueltas y empezó a tener angustia. Como su hermana la podia haber traicionada. Nunca se habian llevado bien, pero desde que descubrió su secreto, su relación con su hermana habia cambiado. Ya no discutian tanto, es más a Dina le habia entrado una rara fascinación por el secreto de Roma. No podia ser, además a ella nunca vió con buenos ojos a Boris, pensaba que era demasiado mayor para Roma.

Mientras se vestia alguien llamó a la puerta - " ¿ quién será ? - se pregunto, no eran horas para realizar visitas, casi siendo la hora de la cena la gente de Valle Rojo estarian en sus casas preparandose para cenar. Boris no podia ser, él no hubiera llamado. Termino de vestirse y cuando hizó el gesto de abrir el pomo de la puerta, alguien llamó.

- ¿ Quién llama ?

- Soy Clyda mi Señora.

Abrió la puerta y sus ojos con una pizca de nervios y engado se clavaron en Clyda.

- Perdone mi Señora, pero tiene visita.

- ¿ Quién ha venido a estas horas ? Dile que mi marido no se encuentra en casa que venga mañana.

- No ha venido a ver a su marido Señora, ha venido a verla a ústed.

- ¿ A mi ? ¿ Quién ?

- Ser Clyde Bade, mi Señora.

- Dile que ahora mismo bajo, llevalo a la sala de recepción Clyda.

- Como ordene mi Señora.

Mientras bajaba las viejas escaleras de metal hacia la sala de recepción, se pregunto - " Dios, Clyde está loco, como ha venido hasta aquí, ¿ es que se habrá enterado de algo del encuentro entre mi padre y Boris ? ¿ Habrá venido para fugarnos juntos ? " - . Cuando termino de bajar las escaleras y dirigirse a la sala de recepción, se lo encontro - " Que apuesta es, todavia parece un niño " - . Clyde estaba esperandola con su traje de soldado, elegante como siempre, habia ascendido a instructor en el Ejército del Valle Rojo.

- Clyda, puedes retirarte - le dijó a la doncella.

- Como ordene mi Señora, hasta otra Ser Clyde.

- Hasta otra, Clyda - contestó Clyde con educación.

Roma no se atrevió a saludarle efusivamente como a ella le hubiera gustado, por temor a que algun sirviente los pillase. Le ofreció la mano y él como cada vez que se encontraban en un acto oficial o con gente alrededor le beso la mano.

- ¿ Qué se le ofrece Ser Clyde ?

- Vengo a despedirme mi Señora.

- A a despedirte... es que mi se han enterado.... de ....

- No tranquila mi Señora, su padre ha convocado al Ejército partimos mañana....

- ¿ Qué ha pasado, Clyde ? - le interrumpió Roma.

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