viernes, 3 de febrero de 2012

CAPITULO 6. JINA.

Jina estaba agotada, se habia tirado toda la tarde con Utasa Gilles, el Señor de Selvaespesa, como todos los dias recibia su visita. Esta vez algo tenia que haber pasado porque su amante estaba nervioso, no le habia embestido como de costumbre. Utasa era un hombre fuerte, al principio no podia aguantar el dolor al tenerle dentro de él, pero con el paso del tiempo se acostumbro. La primera vez que estuvo con él tuvo que estar casi un mes esperando a que le cicatrizara su sexo del desgarramiento que sufrió. Pero con el paso de los años ya era ella quien le dominaba. Él le solia decir que era la única persona que podia domar al Señor de Selvaespesa.

Pero esa tarde habia sido diferente, a duras penas pudo levantarle su miembro con la boca y cuando se puso encima de él su mente parecia dispersa, ausente. Le costó mucho que su Señor llegara al climax. Cuando terminaron, como de costumbre se tomaron vino dulce y ella abrazado a él, que estaba en un silencio absoluto no tuvo más remedio que romper el hielo y empezar la conversación.

- ¿ Qué le pasa a mi Señor ?

- Nada, mi sol pálido - le contesto, llamandola con el nombre que él la habia puesto.

- Podrás engañar a tu esposa pero a mi no me puedes engañar, te conozco demasiado bien.

- Me olvidaba que eras la domadora de " la bestia de Selvaespesa ".

- Dime, ¿ qué es lo que enturbia tu mente ?

- Vienen tiempos dificiles, mañana haremos un sacrificio de sangre para ver que nos deperará el futuro, no puedo decirte más, mi sol pálido.

- ¿ Otro sacrificio más ? - preguntó con un tono de ironia.

- No me gustas que hables asi de los sacrificios, no lo hago por placer es para ver que me dicen los dioses.

- Quien lo diria, ¿ cuantos has hecho hoy ?

- Tres... - contestó Utasa.

Ella no quisó hablar más del tema odiaba los sacrificios, habia intentado hacer comprender a su hombre de ebano que los dioses no le iban a hablar por matar a gente. Pero él le respondia, preguntandole si en vez de puta era una novicia y sabia de dioses. Ella le contestó de mala manera por lo que Utasa le golpeó en la cara haciendole sangrar el labio. Después de unos minutos sin soltar palabra volvió a preguntar.

- ¿ Qué peligro nos acecha, mi vida ?

- El peor de todos mi sol pálido, la ambición humana - es todo lo que le contestó él.

Ella se dió la vuelta, odiaba cuando la trataba como a una tonta como sino entendiera de que iba el juego que todos jugaban. Ella sabia que quien tenia más poder gobernaba y quien gobernaba dominaba a los demas. Se durmió entre pensamientos vanos. No sabia cuanto habia dormido pero al despertar ya no estaba él, se habia ido. No soportaba que se fuera sin despedirse, ella no era una puta cualquiera era la puta de " la bestia de Selvaespesa ".

Se levantó de la hamaca, no tenia ganas de vestirse todavia tenia el sexo impregnado del flujo de la vida de Utasa, no le preocupaba, Utasa le hizó extirpar sus ovarios para no poder quedarse embarazada. Eso era otra cosa que reprocharle, era el precio que pagar por tener todos los lujos que una mujer pudiera desear menos el de enamorarse de otro hombre, no podia, era propiedad de Utasa.

Cogió una pluma y papel, empezó a escribir.... " Mi Señor, ' la bestia de Selvaespesa ' está nerviosa y desconozco el motivo, solo le puedo decir que tiene miedo de un hombre y su ambición.......

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